Cumbres Borrascosas a los 21: Cuando el Romanticismo Esconde una Dependencia Emocional que Cumple 180 Años
Hay obras que, generación tras generación, se reinventan en la mirada de quienes las leen. Cumbres Borrascosas, esa novela firmada por Emily Brontë en 1847, sigue generando el mismo desconcierto y fascinación que entonces. Pero lo que muchas veces se vende como la historia de amor más intensa de la literatura es, en realidad, un retrato descarnado de la obsesión, el resentimiento y la violencia emocional. Cuando a los veintiún años uno se sumerge en sus páginas, resulta inevitable preguntarse: ¿cuánto hemos avanzado realmente en nuestra manera de entender el amor?
Recuerdo haber leído aquella frase de Catherine Earnshaw —Yo soy Heathcliff
— y sentir cómo algo se removía dentro de mí. Por un instante, romaticé esa unión absoluta, ese deseo de fusión que parecía eterno. Luego caí en la cuenta: había crecido con comedias románticas, con edits de Jacob Elordi en redes sociales y con un sinfín de mensajes que insisten en que si un hombre no persiste después de un rechazo, nunca te quiso de verdad
. Así, casi sin darme cuenta, acababa de disfrazar una obsesión enfermiza con el ropaje del amor verdadero.
Un Clásico que No es un Romance
Al comenzar la lectura —en la preciosa edición de Austral con cubierta floral que ahora mismo está en mi mesilla— pensé que ya conocía la historia. Pero Cumbres Borrascosas es mucho más que la película o los vídeos de TikTok. Heathcliff y Catherine me resultaban familiares porque sus versiones modernas aparecen por todas partes: en lugar de cartas, usamos WhatsApp; lo que antes era acechar a la persona amada ahora lo llamamos double texting, y la dependencia emocional se ha vuelto un contenido viral.
Sin embargo, el patrón sigue siendo el mismo. Resulta sorprendente comprobar cómo el tiempo ha convertido esta obra en un icono romántico cuando lo que escribió Brontë está muy lejos de ser una historia de amor al uso. La novela nos habla del orgullo herido, del deseo de posesión, de la violencia sutil, del rencor que corroe y de una obsesión tan destructiva que termina arrasando a todos los personajes que toca.
“El amor verdadero siempre duele un poco”, me dicen aún algunas amigas. Y yo me pregunto si Emily Brontë no estaría precisamente advirtiéndonos de ese autoengaño.
Las Hermanas Brontë: Tres Mujeres Extrañas en la Inglaterra Victoriana
Para entender el libro es imprescindible conocer a quien lo escribió. Emily Brontë era la hermana mediana de una familia marcada por la muerte prematura de la madre. Junto a Charlotte y Anne, y su hermano Branwell, crecieron aisladas en el páramo de Yorkshire. Mientras otras jóvenes de su clase social se preparaban para encontrar marido, las Brontë pasaban los días recitando poemas entre las rocas, leyendo a Byron y a Walter Scott, y sumergiéndose en mundos imaginarios. Eran consideradas “solteronas” y extrañas. Nadie sospechaba que, en el seno de aquella familia silenciosa, se estaban gestando algunas de las obras maestras de la literatura inglesa.
Entre aquellos poemas y ficciones, Emily encontró el espacio para escribir su primera y única novela. Cumbres Borrascosas es un reflejo de un amor tormentoso que se convierte en un proyecto de vida (y de muerte). Pero Brontë no idealiza esa entrega; la muestra en toda su crudeza.
Heathcliff: El Villano que No Nace, Sino que se Hace
Para cualquier lector, el antagonista es evidente: Heathcliff. Un niño pobre recogido de la calle por el señor Earnshaw, que acaba deseando la destrucción de toda la familia que lo acogió, incluido su propio hijo. Pero Emily Brontë nos regala un contexto detallado a través de los narradores Lockwood y Nelly Dean. Gracias a ellos sabemos que Heathcliff no se convierte en monstruo de la nada. Existe un origen claro en su resentimiento:
- El rechazo constante de Hindley desde que entra por la puerta siendo ambos niños.
- La humillación continua por parte de quienes deberían haberlo protegido.
- La pérdida del único adulto que le dio afecto: el señor Earnshaw.
- El dolor de escuchar a medias la conversación donde Catherine acepta casarse con Edgar Linton por conveniencia social.
Estos años de dolor forjan en él un deseo de venganza imposible de sofocar. Heathcliff no ama bien, sencillamente no ama. La obsesión no es amor, aunque nos empeñemos en llamarlo así. Lo curioso es que, mientras leía, me costó aceptarlo. Porque no dejaba de encontrar pequeños reflejos de ideas que aún hoy seguimos considerando románticas.
Cuando la Obsesión se Disfraza de Amor
Heathcliff no está enfermo ni tiene un fondo perverso innato. Su problema es que su concepto del amor queda deformado por las vivencias, orientado hacia la posesión y la venganza. Cuando desaparece aquellos años (después de escuchar la conversación de Catherine), regresa convertido en un hombre que ya no busca recuperarla, sino impedir que nadie encuentre la paz que él perdió. Arruina a Hindley, utiliza a Isabella Linton para herir a Edgar, maltrata a su propio hijo y le niega la educación para hacerle sufrir lo que él sufrió de niño.
En mi opinión, Emily Brontë nunca quiso escribir un romance. La prueba está en el desenlace: Heathcliff no encuentra tranquilidad en la venganza. Muere consumido por la obsesión, incapaz de vivir fuera del recuerdo de Catherine. Sin embargo, la esperanza queda depositada en la siguiente generación. Catherine Linton (hija de la primera Catherine) y Hareton Earnshaw aprenden a quererse desde el respeto y el perdón. Es el intento de Brontë por demostrar que el amor solo puede empezar cuando termina el deseo de poder sobre el otro.
El Eco de 180 Años: ¿Hemos Avanzado Realmente?
La novela es revolucionaria en todos los sentidos. Brontë no construye al hombre que toda mujer debería desear, sino a aquel del que deberíamos salir corriendo. Heathcliff es ego herido convertido en persona. Confunde amar con poseer y transforma su dolor en un proyecto de venganza que destruye varias generaciones.
Lo escalofriante es que, casi 180 años después, seguimos encontrando comentarios que lo justifican porque lo hacía por amor
. Hemos avanzado mucho: hoy podemos estudiar, trabajar, vivir solas y decidir no casarnos sin hacer de ello un escándalo social. Pero basta una comida familiar para que alguien pregunte si ya tienes novio
, o escuchar a amigas brillantes decir que se les pasa el arroz
a los treinta para entender que algunos estigmas han pasado desapercibidos, disfrazados de preocupación.
Cumbres Borrascosas es y seguirá siendo un clásico. No porque cuente una historia de amor inolvidable, sino porque obliga a enfrentarse a todo lo que seguimos idealizando sin darnos cuenta. La prueba más clara la he visto en mí misma: una mujer criada en el siglo XXI que aún se preguntaba, pasando las páginas, si tal vez Heathcliff solo necesitaba que alguien le quisiera un poco más.
Contenido original en https://www.lasexta.com/ahoraqueleo/libros/leer-cumbres-borrascosas-21-amor-dependencia-emocional-casi-180-anos-despues-publicacion_202607296a69b687a046ad6ebc8e32df.html
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