El psicólogo Antoni Bolinches explica por qué la inteligencia femenina no siempre genera atracción masculina
En el campo de la psicología actual, el desamor ha dejado de ser visto exclusivamente como una herida emocional para entenderse como una oportunidad de reorganización interna. Cuando una relación termina, la persona se ve obligada a enfrentarse a sus propias expectativas, niveles de dependencia afectiva y una autoestima que quizás dependía en exceso de la pareja. Durante este proceso, el sufrimiento inicial convive con la posibilidad de una transformación profunda que, con el tiempo, permite alcanzar una visión más madura de uno mismo y de las futuras relaciones sentimentales.
Este fenómeno ha sido estudiado en profundidad por Antoni Bolinches, uno de los psicólogos y terapeutas de pareja más influyentes de España. Con casi cincuenta años de experiencia clínica, Bolinches ha centrado su carrera en el análisis de los vínculos afectivos, la autoestima y el desarrollo personal. Es autor del libro Psicoterapia para el mal de amores (Ediciones Urano), donde sostiene que el dolor amoroso puede convertirse en una verdadera escuela de crecimiento. Recientemente, el experto compartió sus reflexiones en una entrevista en el programa El matí de Ràdio 4.
La raíz del problema tras una ruptura: la autoestima condicionada
Según Bolinches, la reacción más habitual después de una separación es hundirse, debido a problemas profundos de autoestima. El experto señala que el verdadero conflicto no reside en que alguien decida marcharse, sino en la necesidad de sentirse querido para poder quererse a uno mismo. “El problema no es que te dejen, sino necesitar que te quieran para quererte a ti mismo”, afirma. Al perder el estilo de vida compartido, se suma una herida emocional que puede desencadenar pensamientos destructivos: la persona cree que, si nadie la quiere, es indigna de ser amada. Esto genera dos respuestas posibles:
- Buscar desesperadamente un nuevo amor que ocupe el vacío, sin haber procesado el duelo.
- Caer en una dinámica sadomasoquista y depresiva, repitiéndose a sí mismo que no sirve para nada y que no merece afecto.
“A partir de ahí, o buscas un sustituto amoroso, o te hundes con una clave sadomasoquista y depresiva, diciéndote que no eres digno de ser querido, teniendo en cuenta que nadie te quiere”, advierte Bolinches.
Dos caminos ante el sufrimiento amoroso
El psicólogo distingue dos rutas que puede tomar una persona tras una ruptura. La primera es la vía de la evasión y la autodestrucción, marcada por conductas de escape que suelen ser perjudiciales a largo plazo. La segunda, más saludable, consiste en elaborar el duelo mediante un diálogo interno centrado en una pregunta clave: no por qué ocurrió, sino qué se puede hacer con lo ocurrido. Este segundo camino implica iniciar un proceso de autoconocimiento y avanzar hacia una aceptación que permita superar la experiencia. Para quienes deseen profundizar en estrategias de crecimiento tras una relación fallida, existen recursos como libros sobre autoestima y desarrollo personal que pueden resultar de gran ayuda.
La inteligencia y el amor: un desequilibrio de género
Uno de los puntos más llamativos de la entrevista de Bolinches es su análisis sobre cómo hombres y mujeres se posicionan ante la inteligencia del otro. El experto sostiene que un hombre emocionalmente evolucionado sí puede enamorarse de la inteligencia de una mujer, pero advierte que arrastramos un modelo social profundamente desigual en el plano afectivo. Históricamente, las mujeres han tendido a enamorarse desde la admiración, mientras que los hombres no han desarrollado cultural ni emocionalmente esa misma disposición. En palabras del terapeuta:
“La inteligencia del hombre suele enamorar a la mujer, pero la de la mujer no siempre enamora al hombre. El hombre prefiere ser el admirado, no el admirador. Y, curiosamente, solo es capaz de admirar a la mujer el hombre admirable. Pero ese hombre admirable tiene muchas mujeres que lo admiran”.
Bolinches plantea una cuestión de elección afectiva: si un hombre dispone de varias opciones sentimentales, ¿elegirá a una mujer a la que deba admirar o preferirá a aquellas que le sitúan a él en el lugar del admirado? Esta reflexión lleva a distinguir entre el ideal teórico del amor recíproco —basado en la admiración mutua, que sería el modelo más armónico— y la realidad social, donde ese equilibrio es todavía poco frecuente.
El amor sinérgico: un ideal aún minoritario
El psicólogo sostiene que la reciprocidad plena en la admiración sigue siendo un fenómeno escaso porque no todos los hombres han alcanzado la madurez emocional necesaria para sostener un intercambio simétrico. Como consecuencia, las mujeres con mayor autonomía y capacidad personal se enfrentan a un escenario más exigente, donde la reciprocidad no siempre aparece. Frente a ello, Bolinches describe el amor sinérgico como un horizonte posible: aquel en el que ambos miembros de la pareja se enriquecen desde sus diferencias. Sin embargo, reconoce que se trata más de un ideal que de una realidad extendida en la vida cotidiana. Para quienes deseen explorar modelos de relación más equilibrados, existen guías como libros sobre relaciones de pareja saludables que abordan estas dinámicas.
El papel de las aplicaciones de citas en la socialización actual
En cuanto al auge de las aplicaciones de citas, Bolinches no las demoniza, pero recomienda no limitar la búsqueda de pareja a ese único canal. El experto recuerda que las personas disponen de cinco ámbitos de socialización principales: el deportivo, el cultural, el artístico, el benéfico y el político. A través de estas vías es posible conocer a personas con intereses afines. “A partir de ahí podemos añadir las aplicaciones de citas, las agencias de relaciones; pues muy bien, pero como una opción más”, concluye.
En España, el uso de plataformas de citas se ha consolidado como una de las principales formas de conocer gente en entornos urbanos. Según estudios recientes, en 2026 se estima que entre 4 y 5 millones de personas utilizan estas aplicaciones de forma habitual, lo que representa aproximadamente entre el 10% y el 12% de la población adulta. Si se considera también el uso ocasional o los registros activos no continuados, la cifra podría alcanzar los 8 o 10 millones de personas a lo largo del año. Este fenómeno es especialmente notable entre los menores de 45 años y en grandes ciudades como Madrid y Barcelona, donde estas herramientas se han integrado de forma natural en los hábitos sociales contemporáneos. Para quienes quieran iniciarse en este ámbito, existen guías como manuales sobre el uso de aplicaciones de citas que ofrecen orientación práctica.
Contenido original en https://www.lavanguardia.com/clic/20260627/11575984/antoni-bolinches-psicologo-inteligencia-hombre-suele-enamorar-mujer-mujer-siempre-enamora-hombre-gvm.html
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