Hugo Salazar: «El amor me hace perder la cabeza»
En el videoclip de 'Ella', la canción que ha compuesto Hugo Salazar, le vemos encerrado en un manicomio: «Porque canto que con el amor puedes perder la razón, pero también es verdad que puedes ganar cordura. Lo importante es que uno debe encontrar un ... equilibrio en ese sentimiento tan poderoso, aunque reconozco que a mí me hace perder la cabeza. Al fin y al cabo, el amor es lo que me lleva a componer todas mis canciones desde 2004 y, aunque pueda parecer poco original, el amor es realmente lo que me mueve».
En ese sentido, reconoce que es un hombre «fácil de llevar, salvo que se me cruce el cable». Y sobre este detalle hay que estar avisados para no llevarnos una sorpresa, porque si hay algo que le altera hasta el punto de convertirlo en 'el demonio de Tasmania', es la mala educación: «Saca lo peor de mí, reconozco que me supera y ni con los años he aprendido a gestionar esa reacción. Ante un maleducado me enfrento, me pongo a su nivel, y por mucho que me digan que 'le tire besitos' para calmarme, nada, no puedo». Si el amor es el Yin, el que despierta su lado sensible; la mala educación en el Yang, el que le hace saltar perdiendo los estribos.
Hay cosas que no han cambiado en la vida de Hugo: el pelo despeinado («En mi casa, los peines son un objeto de decoración, Nunca me peino; cuanto más revuelto, mejor»), su pasión bética («Lo vivo intensamente, voy al campo, sigo las noticias del equipo, escucho algún pódcast deportivo») y su estilo musical, bien arraigado a su tierra, a sus raíces: «Soy del Sur y no escondo mi acento. Es pop con un toque personal, porque hablo de las cosas que me importan. Aunque va por rachas, componer es mi 'hobbie' favorito, el que me hace coger la guitarra buscando que salga algo bonito».
Pero tiene una doble vida: «Aunque tengo que hacer malabarismos, puedo compaginar la música con mi trabajo en la clínica donde ejerzo como nutricionista. Me interesa todo lo relacionado con la salud. La música es para alimentar el alma; la comida, para el cuerpo». Pero la experiencia le ha dado una lección: «La salud mental nos demuestra que el alma necesita su lado nutricional, porque vivimos en una sociedad dominada por la ansiedad y el estrés, que disparan el cortisol y nos hacen buscar recompensas en la nevera. Y no precisamente con alimentos sanos, sino con azúcares y grasas saturadas, que son las que nos dan placer».
Se confiesa «espontáneo y rápido», aunque le gustaría controlar más «ese lado explosivo de mi carácter. Y, de paso, no ponerme a apagar fuegos que no me competen solo por mi deseo de ayudar». Es un soñador, «lo soy igual que cuando era niño, es algo que permanece intacto. Sueño, pero para que todo se cumpla». Y ya no se considera tan romántico como antes, los años de serena relación con Almudena le han permitido calmar el corazón: «La madurez te hace más pragmático, pero ambos nos complementamos, formamos un equipo sólido, muy unido. Con sus luces y sombras, como todas las familias». Tiene claro que encuentra la paz entre los suyos, «con mi familia de sangre y con la que no es de sangre, mis amigos».
Pero Hugo reconoce que, si algo le ha cambiado de verdad, es la paternidad: «Yo antes era más pesimista, por mi hija me he vuelto más positivo. Me ha hecho ser de otra manera. Mira que yo pensé que como padre sería un desastre, pero no, Julieta es lo más bonito que me ha pasado en la vida. Es verdad que hubo un momento, cuando era muy pequeña, en que vivía con muchos miedos, pero ya están superados y ahora solo pienso en verla hecha una mujer».
Un sacrificio por la fama: «Pocos, porque me he negado a no ser yo mismo. Esta Semana Santa he salido como siempre, aunque me paren más de lo normal. Pero lo mismo voy a la Feria o a Carnavales, me gustan las fiestas y no voy a dejar de ir».
Un propósito que nunca cumple: «No tomarme las cosas tan a pecho. Le doy a veces una importancia que se merecen, eso me produce ansiedad. Yo, cuando suenan las Campanadas, me echo a llorar porque en ese momento repaso mentalmente, como si fuera una película, todo lo que he vivido ese año que termina».
El pequeño Hugo: «Era un trasto, un bicho, muy travieso, pero no era malo. Eso me viene de mi familia paterna, a mi padre le echaron de todos los colegios. A mí no, aunque yo era de aprobar con un cinco raspado. La música me vino por mi familia materna, porque mi madre estaba en el Coro Rociero y yo allí hice amigos. Cuando pasé al Coro Grande, participé en la boda de Infanta Elena. El Hugo de ahora no es tener muchos amigos; es de buenos amigos, de los de toda la vida» Repuestos Piaggio.
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